Se trata de un ecosistema vivo que alberga una amplia diversidad de especies de flora y fauna, varias de ellas altamente sensibles a las alteraciones humanas, por lo que requiere medidas urgentes de protección y regulación para garantizar su conservación, advirtió el biólogo y especialista en fauna silvestre Pablo Antonio Lavín Murcio, académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
Con más de 20 años de experiencia en investigación de anfibios, reptiles y fauna silvestre en la región, Lavín Murcio aseguró que una de las principales amenazas para las especies que habitan la sierra es la creciente presión humana derivada del desarrollo urbano, las actividades recreativas sin control y la modificación constante del entorno natural.
“La Sierra de Juárez está viva. Mucha gente la ve y piensa que es un cerro pelón, pero cuando la recorres te das cuenta de que está llena de plantas y animales. Es un patrimonio natural de la ciudad que merece ser protegido”, afirmó.
De esta manera, la sierra funciona como un refugio para numerosas especies de mamíferos, aves, anfibios y reptiles que dependen de las condiciones particulares que ofrece este ecosistema, explicó el investigador.
Entre las especies documentadas en estudios realizados por la UACJ se encuentran pumas, linces, pecaríes, una gran variedad de aves y múltiples especies de anfibios y reptiles.
“En una pequeña porción de la Sierra de Juárez se encontraron entre seis y siete especies de anfibios y alrededor de 15 o 16 especies de reptiles, entre lagartijas y serpientes.
“Y eso fue solamente en una parte del área. La realidad es que todavía no conocemos toda la biodiversidad que existe ahí”, destacó.
Uno de los grupos más representativos son las serpientes de cascabel adaptadas a las zonas altas de montaña.
El doctor Lavín explicó que en la Sierra de Juárez habitan al menos dos especies características: la cascabel de las rocas y la cascabel de cola negra.
“Cada vez que aparece una serpiente en la Sierra hay personas que quieren matarla, cuando en realidad los invasores somos nosotros. No ellas. Las serpientes forman parte natural del ecosistema”, señaló.
El especialista subrayó que la mala reputación de estos reptiles ha provocado que muchas personas los eliminen por miedo, pese a que representan un riesgo mínimo cuando no son molestados.
“Son animales venenosos, sí, pero no andan buscando personas. Si uno no intenta atraparlas o matarlas, ellas tampoco se acercan. En más del 90 por ciento de los casos de envenenamiento, la responsabilidad es de quien intentó manipular al animal”, sostuvo.
Además de las serpientes, los anfibios son considerados por los científicos como indicadores biológicos de la salud ambiental debido a su sensibilidad a los cambios en la calidad del agua y del hábitat.
“Cuando empiezan a desaparecer las ranas y los sapos es porque algo está pasando. Son como el canario en la mina. Nos indican que existen problemas ambientales que eventualmente también terminarán afectando a las personas”, explicó.
La alteración de cauces naturales, la contaminación y la pérdida de hábitat pueden provocar la desaparición de estas especies mucho antes de que los efectos ambientales sean visibles para la población, destacó.
“Hay especies que son muy adaptables, como los chanates, que incluso se benefician de la presencia humana.
“Pero otras son extremadamente delicadas. Cambias un poco la calidad del agua o modificas los flujos naturales y desaparecen”.
El académico señaló que la protección de la fauna está directamente relacionada con la conservación de los procesos ecológicos que sostienen la vida en la región.
Recordó que la Sierra de Juárez es una importante zona de captación y recarga de acuíferos, ya que recibe mayores precipitaciones que el valle debido a su altitud.
“Llueve mucho más en la Sierra que aquí abajo. Esa agua alimenta los acuíferos y genera condiciones para que exista vida silvestre. Por eso es tan importante conservar estos espacios”, explicó.
Sin embargo, dijo que la expansión urbana, la construcción de infraestructura, la circulación de vehículos todoterreno fuera de senderos y diversas actividades humanas han modificado de manera significativa el ecosistema.
“Debería existir una regulación clara para el acceso a la sierra. Lo ideal sería una zonificación que establezca qué actividades pueden realizarse y dónde. No se trata de prohibir el uso recreativo, sino de hacerlo compatible con la conservación”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó el manejo de las Montañas Franklin, en Texas, donde el acceso está regulado y existen restricciones para actividades que generan daños al entorno.
“Allá te explican qué especies existen, por dónde debes caminar y qué cosas no puedes hacer. Aquí necesitamos algo similar para evitar que se siga deteriorando el ecosistema”, dijo.
Entre las problemáticas que afectan a la fauna también mencionó la extracción ilegal de plantas y animales por parte de visitantes.
Una Serpiente Rey del Desierto (Lampropeltis splendida), famosa por alimentarse de víboras de cascabel, resguardada en el Laboratorio de Biodiversidad del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), bajo la dirección del doctor Pablo Lavín, biólogo y especialista en Zoología y Manejo de Fauna Silvestre. / Foto: Paola Romo/ El Heraldo de Juárez.
“Muchas personas se llevan cactáceas, tortugas, piedras o cualquier elemento que les llama la atención. Una sola persona puede pensar que no hace diferencia, pero cuando son miles de visitantes el impacto se vuelve enorme”, advirtió.
Asimismo, cuestionó diversas intervenciones humanas que han transformado el paisaje natural de la sierra.
“No hay cosa más bonita que un paisaje natural. El desierto está lleno de diversidad biológica. Las especies que viven aquí son sobrevivientes que han evolucionado durante millones de años para adaptarse al calor, la sequía y las condiciones extremas”, señaló.
También relacionó el deterioro ambiental con problemas que afectan directamente a la salud humana.
“Somos lo que comemos, pero también somos lo que respiramos. La calidad del aire y del agua influye directamente en enfermedades como el asma y muchos otros padecimientos”, indicó.
Ante este panorama, consideró que la Sierra de Juárez debería contar con mecanismos formales de conservación y protección que permitan preservar tanto su biodiversidad como los servicios ambientales que presta a la ciudad.
“Cuando desaparecen las especies, no solamente perdemos animales. Perdemos indicadores de la salud del ecosistema, perdemos procesos naturales y perdemos parte del patrimonio ambiental de Juárez. La Sierra de Juárez sigue viva y todavía estamos a tiempo de protegerla”, concluyó.











