Advierte especialista de la UACJ grave deterioro ambiental del Río Bravo y pérdida de biodiversidad en la frontera

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El deterioro ambiental del Río Bravo, la fragmentación de ecosistemas causada por el muro fronterizo y la reducción histórica del flujo natural del agua han provocado una severa afectación a la biodiversidad de la frontera norte, advirtió el biólogo y especialista en fauna silvestre, Pablo Antonio Lavín Murcio, académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).

El investigador, quien cuenta con estudios de maestría en Washington State University y doctorado en Texas A&M University, señaló que el principal daño ambiental al Río Bravo no proviene de fenómenos recientes, sino de decisiones tomadas desde principios del siglo XX.

El principal daño que se le ha hecho al Río Bravo es cortar el flujo natural del río. Antes era un río bravo, salvaje, que tenía crecidas, salía de sus cauces y generaba zonas de inundación que eran fundamentales para la fauna y la flora”, explicó.

La construcción de represas en Nuevo México modificó drásticamente el comportamiento natural del afluente, reduciendo la presencia de vegetación ribereña y los hábitats que durante siglos sostuvieron una gran variedad de especies, explicó el doctor Lavín.

“Teníamos un río con muchísima vegetación, con sauces y álamos, con casi cien metros de ancho. Comparado con lo que tenemos ahorita, es prácticamente un drenaje”, afirmó.

Otro factor de impacto ambiental es el muro fronterizo, al impedir el desplazamiento natural de numerosas especies que históricamente se movían entre México y Estados Unidos, explicó.

La migración es algo natural. Los animales se mueven para buscar mejores condiciones y muchas especies ya no pueden hacerlo por la presencia del muro”, señaló.

Entre los animales afectados mencionó al bisonte, al berrendo, al venado bura, al puma, al pecarí e incluso al jaguar, cuyos registros recientes en Sonora y Arizona evidencian la necesidad de corredores biológicos transfronterizos.

Sobre el venado bura, explicó que se trata de una especie adaptada a las condiciones desérticas del norte de México y el suroeste estadounidense.

“Es un venado adaptado al desierto, con orejas más grandes que le ayudan a disipar el calor. Mucha gente le decía ‘venado orejas de burra’ y los gringos, como no podían decir burra, le decían bura, de ahí surgió el nombre de venado bura”, comentó.

Respecto al estado actual del Río Bravo, el investigador aseguró que la contaminación continúa siendo uno de los problemas más graves, ya que los acuerdos internacionales regulan la cantidad de agua que recibe México, pero “nunca se habló de la calidad del agua”.

Recordó además episodios en los que descargas de aguas residuales provenientes de Estados Unidos afectaron el cauce fronterizo, impactando directamente a peces, anfibios, reptiles y aves que dependen del ecosistema.

De acuerdo con Lavín Murcio, el tramo comprendido entre Ciudad Juárez y Ojinaga es conocido por especialistas como el “río muerto”, debido al escaso flujo hídrico que registra durante gran parte del año.

“La mayor parte del año tiene un flujo muy pequeño comparado con lo que debería ser. Es un ecosistema que ha perdido gran parte de sus funciones naturales”, señaló.Pese al deterioro, el académico destacó que todavía sobreviven numerosas especies nativas en la región, incluyendo ranas, salamandras, serpientes acuáticas, tortugas de caparazón blando y diversos peces pequeños.

Precisó que en la zona existen alrededor de 12 especies de anfibios y cerca de 40 especies de reptiles, lo que demuestra que aún persiste una riqueza biológica importante que requiere protección.

Todavía hay vida en el Río Bravo. Hay serpientes acuáticas, ranas, sapos, tortugas y peces. Por eso es tan importante conservar lo que queda y restaurar estos ecosistemas”, concluyó.