Donde nadie más quiere mirar: diez años rescatando a los hijos del abandono en Juárez

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En una ciudad acostumbrada a las estadísticas de violencia, delincuencia y marginación, existe un lugar donde las cifras tienen rostro, nombre e historia. Ahí llegan quienes han sido rechazados por todos.

Llegan hombres enfermos de VIH-SIDA que alguna vez fueron abandonados por sus familias. Llegan adolescentes que crecieron sin padre ni madre porque la violencia los arrebató. Llegan jóvenes señalados por haber cometido un delito, cargando consigo historias de pobreza, adicciones, abandono y trauma.

Ese lugar se llama Tenda di Cristo, un proyecto que comenzó en 2001 como un albergue para enfermos terminales de VIH-SIDA y que se ha transformado en uno de los proyectos sociales más importantes de Ciudad Juárez, dedicado a reconstruir vidas que parecían perdidas.

“Aquí la gente venía a morirse”, recuerda Mayra Villalobos Bueno, responsable de Comunicación y Redes Sociales de la organización.

La realidad era brutal. El estigma hacia las personas con VIH era tan fuerte que muchos pacientes eran abandonados por sus familias o enviados por hospitales donde nadie quería hacerse cargo de ellos al albergue, ubicado en la calle Fray Antonio de Arteaga #1140, colonia Fray García de San Francisco, al suroriente de esta frontera.

“La Tenda de Cristo empezó como un moridero. Mandaban a gente que tenía VIH y SIDA porque ya nadie quería hacerse responsable. Las personas eran mucho más rechazadas que ahora”, relata.

Sin embargo, algo inesperado ocurría. Muchos de aquellos pacientes comenzaron a vivir más tiempo gracias a la atención médica, psicológica y humana que recibían.

Hoy el albergue brinda atención integral a personas con VIH-SIDA, incluyendo servicios médicos, enfermería, apoyo psicológico, terapia física, acompañamiento tanatológico, alimentación y apoyo espiritual. Tienen la capacidad para atender hasta a 40 personas, muchas de ellas sin red familiar o en condiciones extremas de vulnerabilidad.

Entre los residentes está Martín. Llegó desde Sinaloa (o al menos eso es lo que se sabe porque no habla) con tuberculosis y sin poder caminar. Dependía de una silla de ruedas y nadie sabía prácticamente nada de él. “Cuando llegó no hablaba y no caminaba. Hoy es el consentido de aquí. No sabemos mucho de su historia, solamente que se llama Martín”, recuerda Mayra Villalobos.

Historias como la suya son las que dieron sentido a la misión de la organización: atender a quienes han sido excluidos por la sociedad. Mientras en sus inicios el albergue recibía principalmente a personas desahuciadas y abandonadas por sus familias, hoy continúa acompañando a pacientes con VIH en distintas etapas de la enfermedad.  

Aunque los tratamientos han cambiado el pronóstico de quienes viven con el virus, el VIH sigue siendo un reto de salud pública en la frontera. Durante 2025 fue la tercera causa de citas médicas en el IMSS, con 13 mil 382 pacientes atendidos, según datos del propio Instituto.

Pero la violencia que golpeó a Juárez durante los años más difíciles obligó a la Tenda a mirar hacia otra población vulnerable: los hijos de la guerra contra el narcotráfico.

En 2015 nació el programa Yo Soy Rediseño Social, pionero en Ciudad Juárez para atender a jóvenes en conflicto con la ley y egresados del Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (CERSAI). Desde entonces ha beneficiado a más de 900 jóvenes.

“Esto surge a raíz de los hijos del narco. Los hijos que nacieron alrededor de 2010 y que ya no tenían papás porque los mataron durante la guerra contra el crimen. Empezamos a ver más adicciones, más violencia y más problemas entre los jóvenes del suroriente de la ciudad”, explicó Mayra Villalobos.

La necesidad sigue siendo evidente. De acuerdo con datos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), en los últimos tres años y lo que va de 2026 han sido detenidos 523 menores de edad en Ciudad Juárez por diversos delitos y faltas administrativas. Entre las principales causas figuran la portación ilegal de armas de fuego, delitos contra la salud y casos de resistencia a la autoridad.

Detrás de cada expediente existe una historia de ruptura familiar. Por ello, el modelo de intervención de la Tenda va mucho más allá del castigo.

Los jóvenes canalizados por la Fiscalía, el CERSAI o el Instituto de Servicios Previos al Juicio reciben atención psicológica, asesoría jurídica, acompañamiento educativo, capacitación laboral, atención en adicciones y talleres para reconstruir los vínculos familiares.

“Creemos firmemente que la reconstrucción familiar es básica para que ellos no reincidan y puedan reintegrarse efectivamente a la sociedad”, afirma.

También reciben herramientas para encontrar empleo. Aprenden a elaborar un currículum, llenar solicitudes, prepararse para entrevistas laborales y vincularse con empresas dispuestas a brindarles una oportunidad.

“Es muy difícil contratar adolescentes que vienen con estos antecedentes, pero seguimos buscando empresas que les abran la puerta.”

Con el tiempo, la organización descubrió que además de los jóvenes canalizados por las instituciones de justicia, llegaban otros que se enteraban de las actividades en la Tenda, buscando un espacio para expresar sus emociones. No podían dejarlos ir y se pensó en una forma de brindarles ayuda.

Así nació Paz con Flow, un programa de prevención de adicciones que utiliza la música como herramienta de transformación social. En las instalaciones de la Tenda funciona un estudio de grabación donde adolescentes y jóvenes escriben, producen y registran sus propias canciones. Actualmente cuentan con más de 50 temas disponibles en plataformas digitales.

Mientras que los jóvenes canalizados reciben talleres de barbería, panadería, cocina, muralismo y actividades deportivas y recreativas. La regla es clara: no pueden acudir bajo los efectos del alcohol o las drogas.

La apuesta, asegura Mayra Villalobos, es ofrecer alternativas reales a quienes crecieron rodeados de violencia. Hasta un 70 por ciento de la operación de este programa proviene del Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (FICOSEC) y de otras organizaciones que brindan apoyos económicos y en especie.

Una respuesta a la exclusión

La historia de la Tenda di Cristo fue fundada por el sacerdote italiano Francesco Zambotti y un grupo de franciscanos que llegaron a Juárez en 2001, forma parte de una red internacional con sede en Italia y comunidades hermanas dedicadas a atender distintas problemáticas sociales.

Actualmente cuenta con más de 50 trabajadores y una red permanente de voluntarios. Desde sus instalaciones en el suroriente de la ciudad opera programas dirigidos a personas con VIH, jóvenes en conflicto con la ley, mujeres, familias y comunidades vulnerables.

Se calcula que llegó a haber hasta 17 centros caritativos Tendas di Cristo activos alrededor del mundo. En México sólo tienen presencia en Juárez y no hay en países como Estados Unidos, detalla Mayra Villalobos.

Su misión es devolver dignidad a quienes han sido ignorados. Porque cuando una persona enferma muere sola o cuando un adolescente encuentra en el crimen la única forma de pertenecer a algo, el problema deja de ser individual y se convierte en una herida colectiva.

Al rescatarlos y dejar ser excluidos, la paz social regresa porque se les vuelve a mirar.