La importancia histórica de los médanos de Samalayuca vuelve a cobrar relevancia al recordarse que estas formaciones naturales no sólo marcaron rutas ancestrales, sino que también funcionaron como un punto estratégico y de resguardo en distintos episodios clave de la historia nacional, destacó el historiador regional de Samalayuca, Javier Meléndez Cardona.
Meléndez explicó que los médanos fueron durante siglos una barrera natural para quienes viajaban del centro del país hacia Villa Paso del Norte, y que la ruta seguida por Juan de Oñate iniciaba en la Laguna de Patos —ubicada al norte de lo que hoy es Villa Ahumada— para dirigirse al nororiente, entroncar con el río Grande y avanzar río arriba hasta llegar al sitio donde fue fundada la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Indios Mansos el 8 de diciembre de 1659, hoy Ciudad Juárez.
Durante los periodos Colonial y de Reforma, quienes deseaban reducir distancias entre Chihuahua y Paso del Norte debían atravesar el desierto y enfrentar los médanos, llegando inevitablemente a los ojos de agua de Samalayuca, indispensables para abastecer a personas y animales.
El historiador recordó que cuando Benito Juárez trasladó los poderes de la Nación y se refugió en Paso del Norte, los médanos actuaron nuevamente como una protección natural ante las fuerzas intervencionistas francesas enviadas por Napoleón III en apoyo al imperio de Maximiliano de Habsburgo.
Agregó que, tras instalarse el Gobierno Republicano en Chihuahua en 1864, la invasión francesa del verano de 1865 obligó a Juárez a abandonar la capital estatal el 5 de agosto; después de nueve días de viaje, soportando las severas condiciones del desierto, el presidente llegó a Paso del Norte acompañado de varios ministros y una pequeña escolta.
Sin embargo, las condiciones que favorecieron a la República no lo fueron para los invasores franceses. De acuerdo con testimonios históricos, las tropas extranjeras habían avanzado cien kilómetros al norte de Chihuahua y, al enterarse de que Juárez se ocultaba más allá del desierto de Samalayuca, optaron por regresar a la capital estatal, dejando intacta la ruta del presidente y resaltando el papel protector del desierto.
Durante su estancia en Paso del Norte, Juárez fue hospedado por don Inocente Ochoa, a quien acompañó en al menos dos visitas a la hacienda de Samalayuca, donde se cree que estuvo en el sitio conocido como el Ojo de la Casa.
En agradecimiento por su apoyo a la causa liberal, Juárez escrituró a nombre de Ochoa los terrenos de la hacienda, que incluían los ojos de agua y, más tarde, el trazo del ferrocarril.
Tras el triunfo de la República en 1867 y el fin del intento monárquico en México, Juárez regresó a la capital del país, quedando en la memoria histórica que Samalayuca fue, en distintas etapas, una escala esencial en el tránsito por el desierto y un punto de abrevadero crucial para quienes recorrieron esta región.











