La ganadería de Chihuahua volverá a exportar ganado en pie hacia Estados Unidos el próximo 24 de septiembre, tras más de 16 meses de cierre del puerto San Jerónimo-Santa Teresa por la contingencia del gusano barrenador, en un periodo que, de acuerdo con Juan Carlos Flores, jefe del Departamento de Ganadería de la Secretaría de Desarrollo Rural (SDR), dejó aproximadamente un millón de cabezas sin cruzar y una diferencia estimada de mil dólares por animal, equivalente a unos mil millones de dólares. La reapertura será gradual: comenzará con 750 cabezas diarias y aumentará conforme se validen las operaciones, mientras Puerto Palomas se prepara para reincorporarse posteriormente. El regreso del ganado marca el final de una etapa de incertidumbre, pero también el resultado de meses de vigilancia sanitaria, negociaciones binacionales y búsqueda de nuevos mercados.
Cierre de mercado
Para dimensionar lo ocurrido, Juan Carlos Flores explicó que el cierre no solamente significó dejar de cruzar animales, sino modificar toda la cadena económica que dependía de esa actividad.
“Más o menos calculamos que fueron del estado de Chihuahua un millón de cabezas las que se dejaron de exportar. Y esas ese millón de cabezas se vendió más o menos como unos mil dólares menos ya como se hubieran vendido si se hubieran exportado”, señaló.
Bajo ese cálculo, el diferencial alcanza alrededor de mil millones de dólares. El funcionario subrayó que el impacto se extendió más allá del productor: transportistas, vendedores de alimento, acopiadores, corrales y otros servicios relacionados con la actividad ganadera también resintieron la interrupción del flujo hacia Estados Unidos. Esta estimación se suma a otras cifras que se dieron a conocer durante el cierre y que midieron dimensiones distintas de la afectación; por ello, no deben confundirse entre sí.
La suspensión de mayo de 2025 ocurrió después de que Estados Unidos volviera a restringir la importación de ganado mexicano ante la expansión del gusano barrenador. Chihuahua tuvo entonces que absorber animales que estaban destinados al mercado estadounidense y modificar sus esquemas de comercialización. En los primeros días del cierre se estimaban alrededor de 200 mil cabezas varadas en el estado y pérdidas millonarias para el sector.
Búsqueda de Asia
Ante la imposibilidad de cruzar, los productores buscaron colocar los animales dentro del país. Flores explicó que algunos acopiadores optaron por engordar su propio ganado y venderlo ya terminado, mientras otros recurrieron directamente al consumo nacional.
“Algunos acopiadores empezaron a engordar su propio ganado y empezaron a salir con el lado ya gordo, ya rendido; otros se empezaron nada más a vender al consumo nacional y no se compara, claro, ni los precios ni la utilidad que tiene de venderlo a consumo nacional a venderlo a exportación”, relató.
La contingencia también abrió la búsqueda de mercados alternativos. A través de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua se exploraron opciones en Asia y, de manera particular, un proyecto para llevar ganado a China permaneció vigente durante el periodo de cierre. Flores explicó que ese mercado mantiene precios que podrían resultar competitivos y que la intención es conservar esa alternativa aun después de que Estados Unidos vuelva a abrir su frontera.
La búsqueda de nuevos destinos se acompañó de otra discusión: generar mayor valor dentro del estado mediante engorda, sacrificio, procesamiento y comercialización de carne. Chihuahua ya cuenta con antecedentes de colocación de producto procesado en Asia: en 2019 salió un embarque de 18 toneladas de carne bovina hacia Japón desde una planta con certificación TIF.
Sanidad
Mientras productores buscaban dónde vender, el gobierno del estado de Chihuahua reforzó la estrategia sanitaria para mantener las condiciones necesarias para recuperar la exportación. Flores explicó que durante 2024 y 2025 se destinaron alrededor de 13 millones de pesos a acciones relacionadas con el gusano barrenador, desde capacitación y distribución de kits para toma de muestras hasta vigilancia mediante trampas y recorridos de inspección.
“Fue mucho, mucho trabajo cuando se extraían todas las trampas en todo el estado. Toda la gente, los médicos que tenías que mover, los inspectores, las volantas… la verdad, fue mucho, mucho trabajo”, recordó.
A las labores de vigilancia se sumaron tratamientos y apoyos directos a los productores. Flores detalló que actualmente el gobierno del estado cubre medicamentos utilizados en los barridos sanitarios, entre ellos doramectina, ivermectina y Negasunt, además de distribuir kits con tubos y materiales para la limpieza y desinfección de lesiones provocadas por miasis.La estrategia incluyó además coordinación con Senasica y el Comité Estatal de Sanidad Animal, capacitación, visitas a ranchos y mecanismos de vigilancia. En septiembre, el Grupo Estatal de Emergencia en Sanidad Animal reportó 227 casos acumulados entre el 13 de julio y el 3 de septiembre, de los cuales 52 permanecían activos; en ese periodo se revisaron 4 mil 963 unidades de producción de 25 municipios y fueron inspeccionados 160 mil 513 animales, con 126 mil 554 tratamientos.
A estas acciones se incorporaron trampas de vigilancia y cámaras para la dispersión terrestre de mosca estéril, como parte de la estrategia para contener la reproducción del insecto. El objetivo sanitario no terminó con el anuncio de reapertura: la vigilancia deberá mantenerse para evitar nuevos cierres y garantizar que los animales que crucen cumplan con los protocolos exigidos.
Reapertura gradual.
Para Juan Carlos Flores, uno de los rasgos que definieron este periodo fue la incertidumbre. Después del cierre de mayo de 2025, las revisiones de los programas sanitarios generaron expectativas de reapertura que no se concretaron en las fechas previstas.
“Fue de mucha incertidumbre”, resumió. El funcionario recordó que, tras las verificaciones realizadas por autoridades estadounidenses, en Chihuahua consideraban que la reapertura podría llegar poco después de cada supervisión: “Pensamos, dijimos, ‘No, pues en septiembre vienen, pasando septiembre se va a abrir’. Después vinieron en abril y nos fue otra vez muy bien, dijimos, ‘No, pues pasando abril, en mayo se va a abrir’”.
La experiencia del año anterior también obligó a mantener cautela. Entonces Sonora había reabierto antes que Chihuahua, pero alrededor de 10 o 12 días después volvió a cerrar, sin que el puerto chihuahuense alcanzara a reanudar operaciones. La expectativa actual tomó mayor solidez cuando la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, visitó Santa Teresa y anunció fechas concretas para la reapertura de San Jerónimo y posteriormente Puerto Palomas.
El regreso tampoco será inmediato al volumen previo al cierre. Flores explicó que el flujo comenzará con 750 cabezas diarias, aumentará a 900 la segunda semana, a mil la siguiente y posteriormente podría alcanzar mil 500, volumen que se manejó antes de la suspensión. Para Palomas, estimó un arranque cercano a 500 cabezas diarias, también con incremento gradual.
“Que la gente tenga paciencia, que sepan que eso es una determinación del Gobierno de Estados Unidos y nada más nos apegamos a lo que ellos nos marcan”, señaló.
El 24 de septiembre, la primera carga que cruce San Jerónimo-Santa Teresa marcará el regreso de una actividad fundamental para la ganadería chihuahuense. Pero los 16 meses de cierre dejaron algo más que pérdidas: obligaron a productores y autoridades a buscar mercados alternativos, fortalecer la sanidad y explorar formas de generar mayor valor en Chihuahua.











