Las estrellas no eran lo suficientemente grandes», dijo Mark Popinchalk. «Las estrellas son realmente grandes».
Popinchalk, investigador postdoctoral en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, expresaba una objeción sobre Proyecto Fin del Mundo (Project Hail Mary), la exitosa película de ciencia ficción que ha recaudado 425 millones de dólares a nivel mundial.Estelarizada por Ryan Gosling como Ryland Grace, un astronauta reacio, la cinta narra una misión desesperada para salvar a la raza humana a través de arriesgados viajes interestelares y algunos geniales experimentos de microbiología.La película ha generado debates, sobre todo en línea, desde su visión optimista de la cooperación internacional hasta el estilo desenfadado y casual de Grace. Pero gran parte del debate se ha centrado en la ciencia de la misma.
En cierta forma, es absurdo. Proyecto Fin del Mundo es una obra de ciencia ficción, con énfasis en la ficción. Pero esta cinta está basada en la novela de «El Marciano», de Andy Weir, quien escribe ciencia ficción dura, que combina relatos imaginarios con hechos, o al menos con verosimilitud.Al igual que el libro, se basa en la premisa de que un microbio llamado astrófago, un moho espacial ficticio, ha entrado a nuestro sistema solar, absorbiendo suficiente luz solar como para sumir a la Tierra en una era glacial. También ha atacado a otros soles, poniendo en peligro a otros planetas.Jillian Bellovary, científica que dirige el programa de maestría en astrofísica en The City University of New York Graduate Center, desestimó esta crisis.»Nada puede extraer la luz del Sol», dijo. «Es una idea simpática, de acuerdo, pero no es posible».Esta también era la principal queja de Popinchalk, que el Sol y estrellas similares son tan masivas que se necesitaría una cantidad fenomenal de microbios para afectar su luz.Otras objeciones científicas: que el xenón, un gas noble, pudiera transformarse en un sólido maleable; que los microbios no sólo pueden sobrevivir, sino incluso prosperar en el vacío del espacio; y que los microbios de alguna manera impulsarían los viajes interestelares.»Es una idea muy blanda», dijo Charlotte Olsen, astrofísica en el New York City College of Technology, quien se especializa en la formación de galaxias.Pero a Olsen no le molestó mucho, en parte porque la película era precisa en muchos otros aspectos, incluyendo su representación del silencio del espacio, la física de una caminata espacial, el funcionamiento de la gravedad rotacional o un momento en que Rocky, el ingeniero alienígena que hace amistad con Grace, critica lo ridículo de llamar a un planeta Tau Ceti e.»Es cierto, los astrónomos no son buenos para dar nombre a las cosas», dijo Popinchalk.Muchas de las ideas aparentemente inverosímiles de Proyecto Fin del Mundo tienen cierta base en la realidad. Hay precedentes de errores de cálculo peligrosos y del uso de la emisión de luz para alimentar naves espaciales.Los científicos incluso han logrado cristalizar el xenón, aunque todavía no pueden manipularlo como lo hace Rocky. Y si la idea de que los astrófagos puedan dañar el Sol es inverosímil, una falta de luz ha sumido a la Tierra en una crisis ecológica. Basta con preguntarle a un dinosaurio.»No me molestó demasiado ninguna de las escenas», dijo Bellovary. «Nunca pensé: ‘Dios mío, qué errorsote, eso nunca sucede en la realidad’. Bien para la ciencia».Antes de la misión, Grace trabajaba como maestro de ciencias en una secundaria. (¿Podría pilotar una nave espacial sin la capacitación adecuada? Ese es otro detalle que omite la película).
‘Cometer errores es fundamental’
Lo que más podría entusiasmar a los científicos es el retrato del pensamiento científico. Aunque Proyecto Fin del Mundo tiene su dosis de explosiones y catástrofes, es el razonamiento lo que resulta emocionante. Grace y Rocky deben unir fuerzas, con herramientas y pizarrones blancos, ingenio y creatividad, para resolver un problema aparentemente sin solución. Cometen errores, pero aprenden de ellos y el uno del otro.»Cometer errores es fundamental en la ciencia, y eso es algo que quienes no son científicos suelen desconocer», afirmó Bellovary.La cinta también muestra la importancia de la cooperación. Grace abandonó la vida académica después de que su tesis fuera objeto de burlas, sugiriendo que no trabaja bien en equipo. Pero en Rocky, una adorable criatura sin rostro, Grace encuentra un colega.»Una de las funciones esenciales de los científicos es la colaboración», explicó Olsen. «En mi opinión, él aprende a ser científico porque aprende a colaborar».Bridget Ierace, maestra de ciencias en preparatoria y divulgadora científica, cree que sus alumnos podrían aprender mucho de la película.»Muestra a las personas detrás de la ciencia», comentó. «Muestra que los científicos cometen errores, tienen emociones y que hay diferentes elementos que los motivan».
Inspirador
El astronauta canadiense Jeremy Hansen, de la misión Artemis II, comentó que él y sus compañeros de tripulación vieron la película con sus familias antes de despegar para el sobrevuelo lunar.»El arte imita a la ciencia y viceversa», dijo Hansen en un evento televisado en vivo organizado por la Agencia Espacial Canadiense.»Me pareció un ejemplo tan inspirador: alguien que sale ahí fuera y simplemente hace lo necesario para salvar a la humanidad. Es un ejemplo extraordinario que todos podemos seguir».











