Reconstrucción familiar, clave para prevenir que jóvenes caigan en conductas delictivas: Yo Soy Rediseño Social

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La falta de afecto, el desconocimiento de las etapas de la adolescencia y la ruptura de la comunicación familiar son factores que pueden aumentar el riesgo de que los jóvenes desarrollen conductas antisociales, advirtió Jesús Macario Cifuentes Sinodal, encargado del trabajo con familias dentro del programa Yo Soy Rediseño Social de La Tenda di Cristo.

El especialista explicó que cuando un adolescente comete una falta o enfrenta un proceso legal, no sólo se ve afectado el joven, sino todo el sistema familiar, por lo que resulta indispensable trabajar en la reconstrucción de los vínculos dentro del hogar.

“Desde el momento en que los jóvenes cometen una falta, la familia se desajusta. Por eso trabajamos para reconstruir el seno familiar y volver a fortalecer el núcleo familiar. Cuando participan tanto los papás como los jóvenes, los resultados son muy buenos”, señaló.

El programa Yo Soy Rediseño Social nació en 2015 como una iniciativa pionera en Ciudad Juárez para atender a jóvenes en conflicto con la ley y egresados del Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (CERSAI). A diez años de su creación, ha brindado atención a más de 900 beneficiarios mediante un modelo integral que busca reducir conductas de alto riesgo y favorecer la inclusión social.

Los adolescentes canalizados por la Fiscalía General del Estado, el CERSAI o el Instituto de Servicios Previos al Juicio reciben atención psicológica especializada en adicciones, asesoría jurídica, acompañamiento educativo y laboral, así como talleres para fortalecer las relaciones familiares.

Además, participan en actividades formativas como barbería, panadería, cocina, muralismo, deporte y recreación, con el objetivo de desarrollar habilidades que les permitan construir un proyecto de vida alejado de la violencia y la delincuencia.

Cifuentes explicó que uno de los principales temas que se abordan con los padres es la identificación de las necesidades emocionales de los hijos y la manera en que éstas influyen en su comportamiento.

“Regularmente de ahí surgen muchos de los porqués de las conductas antisociales. Los padres reflexionan sobre su propia participación en la formación de sus hijos y sobre cómo pueden modificar aquellas dinámicas que no han sido positivas”, indicó.

El especialista destacó que existe evidencia de que las carencias afectivas durante la infancia pueden convertirse en factores de riesgo durante la adolescencia, etapa en la que pueden aparecer problemas como el consumo de drogas, la deserción escolar o conductas delictivas.

“La parte afectiva es muy importante. Cuando los padres no manifestamos cariño, cuando los hijos no se sienten queridos, pueden generarse factores de riesgo que más adelante se reflejan en conductas antisociales”, afirmó.

No obstante, aclaró que los problemas también pueden originarse por la sobreprotección, ya que limitar excesivamente la autonomía de los hijos puede afectar su desarrollo emocional y social.

Entre los casos que atiende el programa destacan jóvenes involucrados en delitos relacionados con violencia, consumo de sustancias y conductas sexuales de riesgo. Sin embargo, Cifuentes insistió en que muchos conflictos familiares se agravan porque los padres desconocen los comportamientos normales de la adolescencia.

“La agresividad es una característica común en ciertas etapas de la adolescencia. Muchas veces el padre responde con más dureza, se genera una confrontación y el conflicto escala. No es que sean malos padres; al contrario, aman profundamente a sus hijos, pero desconocen los procesos propios de esta etapa”, explicó.

Por ello, recomendó a las familias capacitarse y mantenerse actualizadas sobre la realidad que enfrentan los adolescentes en la actualidad.

“Para educar a un adolescente hoy hay que ser un adulto de hoy. Hay que conocer el mundo de nuestros hijos y entenderlo para poder orientarlos. No se trata de tomar las riendas de su vida, sino de acompañarlos y guiarlos”.

“Pensamos erróneamente que en la adolescencia tenemos que ser más duros, más estrictos, y no, es todo lo contrario, a la adolescencia hay que darle pocas reglas, pero firmes”, expresó.

La Tenda di Cristo, ubicada en la colonia Fray García de San Francisco, al suroriente de Ciudad Juárez, mantiene estos programas como una estrategia de prevención social que busca reducir la reincidencia, fortalecer a las familias y ofrecer nuevas oportunidades de desarrollo a jóvenes que enfrentan situaciones de vulnerabilidad.