Más de 200 mujeres en todo el mundo han sido ordenadas en el marco del movimiento por el sacerdocio femenino, en la iglesia católica romana; las cuales, deciden tomar parte en ritos no autorizados, para convertirse en presbíteras, en un acto de rebeldía contra el Vaticano.
La iglesia católica no autoriza el sacerdocio femenino; en tanto que, violar está limitación es considerado uno de los crímenes más serios en el derecho canónico y se castiga con la excomunión inmediata.
Anne Tropeano es una católica devota, que lleva 14 años en el «proceso de discernimiento» de su vocación.
En una entrevista con el medio de comunicación BBC, relató que el ordenarse “significa que no podrá recibir los sacramentos, como la comunión o la confesión, además de que también está limitada si quiere tener un funeral en una iglesia cuando muera”. Y que la amenaza de excomunión fue la razón por la que demoró tanto en tomar esa decisión.
Tropeano narró que toda su vida era estar en la parroquia, ir a misa, trabajar ahí…. Por eso fue duro para ella “hacerse a la idea que podría perder todo eso con su decisión”.
Por ello pensó en elegir algún otro rol habilitado para las mujeres en la Iglesia, como el de monja o laica consagrada e incluso evaluó abandonar el catolicismo y pasarse a otra religión cristiana, que autorizara el sacerdocio femenino.
No obstante, confesó como sintió claramente, que las reglas vaticanas no podían interponerse en el camino de su vocación. Y «una vez que reconoció eso, supo, que debía dar el siguiente paso” por lo que la excomunión, simplemente se volvió parte del proceso.
Finalmente, ella, como muchas otras mujeres del movimiento, entienden su ordenación «ilegal» como una manera de hacer campaña contra lo que consideran es una postura sexista y discriminatoria impuesta por las autoridades eclesiásticas.











